Camino solo, en medio del bosque tropical. Estoy tranquilo y me siento bien, a ratos tanto que el corazón me da un vuelco. Una iguana me observa creyendo que no la veo, pero su verde, tan intenso, se distingue fácilmente.
Mis pasos son seguros pero al mismo tiempo impredecibles. En cualquier momento puedo parar o caminar hacia la playa, donde me espera más vida. O bien, puedo salirme un poco del camino y llegar a la zona inundada del manglar. Dos opciones, ambas buenas, me hacen sentir bien.
Y en medio de todo, en un rayo del sol que atraviesa la copa de los árboles, en un coco enraizado, en cualquier lugar, aparecen recuerdos, historias recurrentes. Son imágenes de aquello que queremos, y nos acompañan hasta los rincones más remotos, esperando un pretexto para recordarnos que una parte importante de nuestro viaje es volver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario