Las celebraciones son momentos para intercambiar. Se comparte que estamos bien, o mejor; nos relajamos para disfrutar momentos de empatía, con o sin drogas; y también son espacios para crear y destruir relaciones.
En estas fiestas, reuniones en cualquiera de sus formas, participan los que están y también los que no están. Los que fueron invitados y no acudieron, razones tuvieron para ello. Los que no fueron invitados y llegaron añadieron un elemento inesperado que enriqueció el momento. También están los que no fueron invitados pero sí recordados, incluso echados de menos. Todos conforman el universo del momento, que no se limita por paredes, sino que forma una nube más allá del ruido.
Celebrar una cosa para festejar otra. Creo que no se limitan a un asunto, sino a múltiples felicidades. Por una parte, la satisfacción de tener a las personas que te aprecian cerca, sin más. Por otra, la oportunidad de ver como esas personas se enjambran y producen un zumbido fuerte, como de musica indie, que despierta a los vecinos o simplemente les alegra la vida. En definitiva, instantes para recordar, con fotos o con hermosas consecuencias.
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